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domingo, 3 de noviembre de 2013

ILLESCAS: DECADENCIA, HAMBRE Y ENFERMEDAD ENTRE 1561 y 1786

Apuntes basados en el libro editado en 1997 por Tabapress (Grupo Tabacalera), titulado:
“ILLESCAS,  1752”
 Autores:
Ramón Sánchez González (Profesor de Historia de la Universidad de Castilla La Mancha) y Concepción Camarero Bullón (Catedrática de Geografía Humana de la Universidad Autónoma de Madrid)

Según las respuestas generales del Catastro de Ensenada.

Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada (20/04/1707 - 02/12/1781) Nació el 20 de abril de 1707 en Hervías, La Rioja.
En 1743 ocupó las secretarías de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, y Estado. Durante su mandato inició numerosas reformas en la administración y en la hacienda, el comercio de las Indias, la construcción naval y el fortalecimiento del Ejército. Fue destituido y ya no volvió a desempeñar cargo alguno.
El Marqués de la Ensenada falleció el 2 de diciembre de 1781 en Medina del Campo (Valladolid).)

Desde 1749 se realizó, en los 15.000 lugares con que contaba la Corona de Castilla (entre los que no se cuentan los de las provincias vascas, por estar exentas de impuestos), una minuciosa averiguación a gran escala de sus habitantes, propiedades territoriales, edificios, ganados, oficios, rentas, incluyendo los censos, incluso de las características geográficas de cada población.
Fue ordenada por el rey Fernando VI a propuesta de su ministro el Marqués de la Ensenada y recibe hoy el nombre de Catastro de Ensenada.

Los autores del libro confirman muchos temas que ya conocemos de la pluma de nuestro historiador de Illescas, Francisco Romo De Arce que ya bebió, entre otras muchas fuentes,  en el  trabajo realizado a partir de 1749, pero creo que éstos, aportan algunos datos nuevos acerca de la historia de nuestro pueblo.

Malos tiempos para Illescas
Manifiestan que en la Centuria del Setecientos (año 1.700 en adelante), Illescas fue una villa venida a menos. Había sido un lugar muy transitado pero al abrirse nuevas comunicaciones con Andalucía por Despeñaperros, ya no tenía la pujanza y el esplendor que debió tener en el Quinientos (Año 1.500 en adelante) en los que, en su parte final, Illescas alcanzó su máxima población, produciendo un importante descenso en los primeros 20 años de la Centuria siguiente (1.600) con una clara recuperación que se verá frenada por la grave crisis de 1684, muy rigurosa en La Sagra donde el hambre y la enfermedad se unieron en un maridaje trágico, agravado aun mas por la devaluación de la moneda de vellón, acaecida en 1680.
El inicio del siglo (1700) estuvo marcado por una tendencia depresiva en torno a 1706-1710, donde confluyeron una meteorología adversa, plagas de langosta (Documentada en Illescas en 1707 y 1708) y los efectos negativos del conflicto sucesorio  que enfrentó a Felipe V y al archiduque Carlos de Austria.

En su libro,  Francisco Romo de Arce nos cuenta que a mediados del Siglo XV la población de Illescas era de 2.000 vecinos (9.000 h.), un siglo después, a partir de 1561 la población comenzó a reducirse. En 1575 tenía 1.000 vecinos y 716 en 1591, bajando en 1694 a 371  y llegando a un suelo de 147 en 1712.

Este último comentario confirma la información volcada por los autores del libro que nos ocupa.

Tras la situación de decrepitud sufrida entre 1561 (Justo un año antes de que se registrase el milagro atribuido a la Virgen de la Caridad y obrado en la persona de Francisca de la Cruz el 11 de Marzo de 1562) y 1712, la recuperación demográfica es generalizada en toda la comarca, mas intensa en la Sagra Alta con un crecimiento fuerte  y sostenido,  que se verá nuevamente truncado por la grave crisis padecida entre los años 1734 y 1741, producida básicamente por una pertinaz sequía  que originó escasez de grano, carestía del pan, miseria y mortandad. Como factor negativo también se cita una epidemia de paludismo en 1786 que,  en Illescas afectó a 1.000 personas de las, en torno a 1.400 que había; según nuestro historiador,  que obtiene los datos de otro censo, el de Floridablanca.

El Concejo de Illescas actúa
En 1598 la situación es dramática y el Conejo se reúne el 24 de Septiembre para buscar soluciones pero la necesidad de pan, alarmante en reiteradas ocasiones, chocaba a veces con la falta de escrúpulos en un afán de beneficio por parte de una minoría, que no tenía la agricultura como actividad exclusiva y que buscaba obtener los mayores beneficios en el menor tiempo posible. Por ello, el Concejo, en sesión del 2 de Noviembre, argumentaba que como las tierras de la villa están muy perdidas  a  causa de la siembra de semillas como lentejas, garbanzos y frijoles por los –oficiales- buscando para ello las mejores tierras y como el término es muy corto, los labradores no hallan tierras en que sembrar trigo y cebada con lo cual se pierde la mitad del pan que sería necesario. Esta situación se arreglaría si se proveyese que ningún -oficial- que no sea verdaderamente labrador,  pudiera arrendar tierras para semillas y que si éstos, quisieran sembrarlas, fuera con moderación.

Reparto de la propiedad de tierras
Del total de tierra cultivable del pueblo, el 45,59% era de la Iglesia de Toledo y el 19,13 de los hidalgos. Entre ambos tenían  el 65%  la propiedad de  las tierras dedicadas a cereal. Solo el 1,74% pertenecía a labradores que, a su vez tenían la propiedad del 10% del viñedo, el 5,82% del olivar y el 41,67% del regadío (Poco significativo pues es solo existían 2,5 fanegas)
Queda claro que la Iglesia es la gran propietaria de fincas destinadas al cereal con casi la mitad de la superficie total. Es por tanto también, la mayor rentista pues la gran mayoría de esas tierras estaban dadas en arrendamiento a labriegos locales y pueblos aledaños. A este respecto, deberíamos preguntarnos si nos encontramos ante el motivo del enfrentamiento histórico de nuestra villa con la Iglesia de Toledo).

Los hijosdalgo residentes en Illescas son el otro grupo de los grandes propietarios. A veces se trata de bienes vinculados a familias mediante mayorazgos.


El mayorazgo o vínculo de mayorazgo, es una institución del antiguo derecho castellano que permitía mantener un conjunto de bienes vinculados entre sí de manera que no pudiera nunca romperse este vínculo. Los bienes así unidos  pasaban al heredero, normalmente el mayor de los hijos, de forma que el grueso del patrimonio de una familia no se diseminaba, sino que sólo podía aumentar.
Fue regulado mediante las Leyes de Toro en 1505, bajo el reinado de los Reyes Católicos. Su función era controlar el fraccionamiento de los bienes de un noble que producían las herencias y las ventas, como un medio de mantener su poder económico.

Algunas familias de la incipiente burguesía castellana se acogieron también a esta figura legal.

La institución del mayorazgo fue la culminación de una serie de privilegios otorgados a los nobles castellanos por Enrique IV de Castilla, quienes fueron luego los principales favorecidos en el otorgamiento de cargos de gobierno por los Reyes Católicos. El estamento nobiliario castellano se hizo así,  más poderoso e influyente que el de los otros reinos que componían sus dominios. Es una opinión generalizada que el mayorazgo fue una concesión real a los hidalgos castellanos a fin de permitirles conservar o acrecentar su poderío económico.

En nuestro pueblo los autores citan como ejemplarizante el caso de Bernardo Del Valle Noreña, que únicamente tenía en propiedad 9,6 fanegas, pero que, al unirlas a las correspondientes al mayorazgo que fundara un antecesor, la superficie que realmente disfrutaba ascendía a la no despreciable cifra de 297,6 fanegas.

Despedida
Para que no se haga tedioso el asunto, finalizo  citando solo algunos datos que me han resultado de interés en un primer vistazo a esta obra,   en lo referente a profesiones existentes entonces y  no muy comunes:
En 1752 existían en Illescas 4 personas que tenían como profesión la de “Confiteros y molenderos de chocolate”. Ellos fueron Francisco Calderón, Domingo Antonio Uria, Miguel, Bernardo y Francisco de la Fuente y por último Pablo Camacho. También se cita como “gaitero”  a  Ángel González.

Por ultimo decir que se confirma  la existencia de una “tenería” propiedad de Cristóbal López Del Valle, que se encontraba extramuros, producía suela y corcovan (La mejor piel para confeccionar zapatos) y se puede entender que disponía  de un arroyo que aunque corría, el caudal era muy corto y por ello, su facturación anual  cifraba solamente los 3.000 reales.
Esta instalación y a lo largo de la historia, ha dado nombre hasta nuestros días al "Arroyo de la Tenería" y en el que en su ribera, miembros de nuestra tertulia puede que hallan encontrado restos de sus muros.

Fernando Alejo Almendros  

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